20.07.2001 | Revista NUEVA

El arca de los clones

Venado de las Pampas; puma, aguar, aguará guazú, lobo marine, tigre. oso polar, gato montés, mono caí, mono carayá, oso de anteojos, chimpancé, muflón, puerco espín, ciervo, llama... En contra de lo que se podría pensar, esta colección de animales salvajes no tiene una apariencia muy interesante que digamos. Su aspecto es el de un conjunto de vulgares termos, amarillos y de metal, acomodados uno al lado del otro bajo la mesada de mármol del laboratorio de ARCA, en el Jardín Zoológico de Buenos Aires. Allí dentro duermen un sueño bajo cero cientos de muestras provenientes de treinta y cinco especies de mamíferos (la mayor parte amenazadas o en peligro de extinción), a la espera de convertirse en futuros animales hechos y derechos.

"El nombre del proyecto, ARCA, remite a la imagen bíblica. Hoy tenemos un nuevo diluvio, que no es de agua, sino de alteraciones ambientales; desertización, superpoblación, efecto invernadero...", señala Luis Jácome, director general de ARCA (Asistencia de Reproducción y Conservación Animal). "Nuestra respuesta no es construir un barco como el de Noe, sino un banco donde guardar el material genético y preservar así la riqueza de las especies en peligro."
El proyecto argentino, nacido el año pasado y único en Latinoamérica especializado en fauna silvestre, se suma a los esfuerzos de varios zoológicos y sociedades de conservación en todo el planeta.

En el subsuelo del Museo Americano de Historia Natural, por ejemplo, hay nueve gigantescos tanques de acero llenos de nitrógeno líquido. Allí se alojará la mayor colección de tejidos congelados: un millón de muestras de animales (de ballenas a insectos, de sanguijuelas a ratones de campo). El propósito es construir una biblioteca génica que contribuya a la clasificación de las especies y al estudio de los procesos evolutivos, aun de animales extintos o en peligro. Con el auspicio de la NASA, no se busca allí clonar ni recuperar ninguna especie, sino crear una fuente de información para las generaciones futuras.

Un elefante en un termo
Hace veinte años, los expertos de los principales jardines zoológicos descubrieron la alta mortalidad (41%) de las crías nacidas de animales en cautiverio. La razón: la endogamia. Los pocos ejemplares de los zoos terminaban cruzándose entre sí, lo que generaba defectos de nacimiento, infertilidad y enfermedades genéticas.

Los zoológicos fueron generando sus propios bancos genéticos, termos de nitrógeno líquido (a 196° C bajo cero) con muestras de esperma de los diferentes animales. Así nació un sistema de intercambio que amplió el panorama reproductivo de sus bichos. Aunque parezca un procedimiento sencillo, cada especie tiene secretos: desde determinar con precisión el momento de la ovulación hasta la forma de recolectar una muestra de semen de un animal salvaje. "O nos poníamos a estudiar la biología reproductiva de las especies silvestres o nos quedábamos sin zoológicos en menos de cien años", recuerda David Wildt, uno de los pioneros del área, que hoy dirige el Centro de Conservación e Investigación del Zoológico Nacional de Fort Royal, en Virginia.

En 1990 el empeño se coronó con el nacimiento de los primeros tigrecitos concebidos a partir de inseminación artificial con una muestra de semen congelado. Nuevas especies se fueron sumando a la lista de los auxilios reproductivos. Y se ampliaron las técnicas: fecundación in vitro, transferencia de embriones, embriones congelados. También madres portadoras: en el caso de la escasez de hembras, los embriones de una especie pueden ser implantados en el útero de otra especie relacionada. Así, una yegua puede dar a luz a una cría de cebra o una minina ordinaria parir un raro gato del desierto de la India.

También se simplificó el intercambio de animales y de genes entre los zoológicos. El traslado de ejemplares era una operación complicada, riesgosa y carísima. Hoy basta con enviar un termo con la muestra de semen. O con el embrión congelado: el futuro elefantito, digamos, llegará sin problemas dentro de una valija.

Los que se van
Pero lo que se inició como un mecanismo para mejorar el plantel de animales en cautiverio, se convirtió en algo mucho más importante: un pasaje al futuro para las especies en peligro, un resguardo contra la pérdida de la biodiversidad.

Treinta mil especies animales se extinguen cada año. Una cada tres horas. El destino de cualquier especie es la extinción -el registro fósil es un buen recordatorio de este fenómeno-, pero la actual velocidad de desaparición es alarmante: según algunos cálculos, resultaría de cien a mil veces mayor que la que se producía antes del surgimiento de la humanidad. ¿Qué hacer? Lo ideal sería conservar los ecosistemas para no temer por la supervivencia de los animales que allí viven. Este mecanismo, conocido como conservación in situ, intenta proteger áreas naturales formando reservas, refugios y parques.

Pero no siempre alcanza, y aparece la conservación ex situ, zoológicos y centros de cría que guardan ejemplares fuera de su ambiente natural. La tercera herramienta son justamente, estos "zoológicos congelados": no conservan animales sino sus tejidos, es decir, sus genes. La criopreservación o crioconservación logra mantener en buen estado y a 196°C bajo cero (la temperatura del nitrógeno líquido) espermatozoides, ovocitos y tejidos somáticos. Al descongelarse, este material se utiliza en procedimientos de reproducción asistida y experimentos de distinto tipo. Las muestras pueden obtenerse tanto de individuos vivos como de animales recientemente muertos. En la Argentina, ARCA está en la etapa de toma de muestras, particularmente de las especies autóctonas amenazadas, aunque también se ha preservado material de animales exóticos.

Bebe puma, mama gata
En conjunto con la Fundación Vida Silvestre Argentina y la Granja La Esmeralda, ARCA está participando en la conservación del venado de las pampas, el ciervo americano más amenazado. Hace unos cientos de años había cientos de miles en las llanuras de nuestro país. Hoy, acorralados por la caza y el uso productivo de su territorio, sólo sobreviven menos de dos mil ejemplares en puntos aislados de las provincias de Buenos Aires, Corrientes, San Luis y Santa Fe. El banco de muestras permitiría cruzar distintas poblaciones, para aumentar la variabilidad genética.

También trabajan en conjunto con el Criadero de Fauna Silvestre ALGAR (Neuquén) para la conservación del ciervo de Padre David, originario de China. Esta extinto en ese país, pero sobreviven unos 80 ejemplares en la reserva neuquina. Ya se planean las primeras inseminaciones artificiales. "Estamos en contacto con las autoridades de China para devolver este ciervo a su ambiente natural a partir del material que tenemos criopreservado -comenta Luis Jácome-. No podríamos enviar ejemplares adultos, pero si embriones y semen congelados. Estamos trabajando con el grupo del doctor Lino Barañao, del Instituto de Medicina y Biología Experimental, en un proyecto de asistencia reproductiva de felinos sudamericanos amenazados. Pondremos a punto la técnica con el gato doméstico, para luego aplicarla en las especies silvestres: puma, gato montés, y las que corren serio riesgo, como el yaguareté."

También colaboran con el área veterinaria de HALITUS (centro conocido por su trabajo en el área de reproducción humana) en asistencia reproductiva en perros. Este conocimiento se aprovechará en auxilio de caninos silvestres amenazados, como el aguará guazú.

ARCA busca guardar y atesorar muestras de la mayor cantidad de individuos y especies: por ahora, debido a razones de conocimiento de la biología reproductiva, sólo son mamíferos. "Queremos hacer un llamado a todos los zoológicos del país para trabajar en conjunto -comenta Jácome-. "También a la gente en contacto con la fauna autóctona, como guardaparques o personal rural, ya que tiene la oportunidad de tomar muestras de animales poco comunes."

"A nosotros nos interesa participar en este tipo de iniciativas, ya que es de vital importancia la criopreservación del material de especies en peligro -señala el doctor Alberto Duarte, jefe del Servicio Veterinario del Zoológico de Mendoza-. Ahora los zoológicos no tienen razón de ser si no trabajan por la conservación y la educación. Por eso tenemos algunos proyectos de criopreservación. Por lo pronto, vamos a empezar con la reproducción en cautiverio de guanaco y vicuña, dos especies autóctonas de interés zootécnico debido al alto precio de su pelo en el mercado internacional."

¿Para qué?
Ahora bien, ¿cuál es la utilidad de un banco con muestras de un cierto número de ejemplares y especies, una colección de biodiversidad congelada, un catálogo de lo que existió? En principio, se trata de guardar algo de lo que está por desaparecer: casi como un salvataje de obras de arte en el incendio de un museo. Pero además en algunos casos, particularmente en el de las especies amenazadas que cuentan con un número apreciable de ejemplares, este material congelado puede ser fundamental para aumentar su capacidad reproductiva y garantizar su supervivencia. En la Argentina, el proyecto para recuperar las poblaciones del venado de las pampas es un buen ejemplo de esta aplicación.

En los Estados Unidos, la inseminación artificial resultó exitosa para multiplicar al casi desaparecido hurón de patas negras. La reproducción asistida produjo gran número de crías que ya están siendo reintroducidas en su ambiente natural, en el oeste estadounidense. En el zoológico de Salzburgo, en Austria, se está planeando la producción de los primeros rinocerontes blancos por inseminación artificial, que luego podrían liberarse en su ambiente. Los audaces zoólogos austríacos hasta se animan al peligroso ejercicio de extraer muestras de semen de machos salvajes para fecundar a las hembras en cautiverio.

En el Museo Nacional de Historia Natural de Francia, por su parte, ya han producido embriones de ciervo por la técnica de fecundación in vitro. Ahora proyectan recuperar las decadentes poblaciones del ciervo de Bukharian, en Uzbekistan y Kazajstan: la idea es utilizar hembras de otras especies de ciervos como madres portadoras.

Clonación y después
La mayoría de los expertos favorecen el uso de métodos de baja tecnología (la inseminación artificial o la fecundación in vitro) como herramientas para la conservación. Pero otros ya tienen los ojos puestos en la clonación: su idea, a partir de los bancos de genes, es producir copias idénticas de los ejemplares que "donaron" las muestras.

La primera experiencia de clonación de una especie salvaje resultó exitosa: hace unos meses nació una cría de gaur (un bóvido de la India en franca declinación) por medio de esta técnica. La lista de candidatos es larga y despierta escepticismo entre los conservacionistas.

Según William Holt, del Instituto de Zoología de Londres, la clonación sólo tendría sentido para recuperar especies de las que sobreviven alrededor de cincuenta ejemplares. La copia genética de esos animales aumentaría el tamaño de la población, para después seguir con la reproducción por los caminos más convencionales.

Claro que no se puede clonar un puñadito de animales y pretender con eso que se ha vuelto a la vida toda una especie, que requiere de una amplia variación de individuos, genéticamente distintos, para funcionar como una entidad biológica. Algunos animales están en la categoría de "extinción genética", y sobreviven como una curiosidad zoológica, una rareza para espectáculos.

La cuestión básica no es guardar animales en una cajita de cristal para formar un futuro zoológico de lo que fue. Se trata de proteger la biodiversidad, la asombrosa variedad de seres vivos que conforma la exuberante trama de la vida. Si finalmente desaparecen los bosques de bambú de la superficie del planeta, no sólo se esfumarán los pandas gigantes, sino también un sin número de especies más humildes y menos carismáticas que nadie se preocupa por conservar congeladas. Entonces, ¿qué sentido tiene recuperar una especie (generalmente algún mamífero considerado emblemático, como el panda o el rinoceronte), invertir tanto esfuerzo y dinero en multiplicarla si no sobrevive el ambiente en el que vive?

Contesta Jácome: "Por supuesto que ARCA y otros bancos de genes pueden ayudar a muchas especies a sobrevivir. Pero, volviendo a la metáfora del área y el diluvio, necesitamos que deje de llover y que aparezca la tierra firme donde los animales puedan bajar. La crioconservación y los bancos de genes resultan una buena herramienta, pero no funcionan en forma aislada. Es imprescindible proteger los ambientes naturales".

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